Un desgraciado que va dejando marcas y que ya no sabe a quién quiere, pues su vida se ha entrelazado con muchas otras y les ha hecho un nudo que no quiere desatar, usando su rostro como entrada al muro de los sueños, construyendo paredes e ilusiones y destruyendo todo a su paso.
Un estúpido cualquiera cortado con la misma tijera cuyo objeto favorito es el sufrimiento ajeno, su juguete preferido es un suspiro y escupir en la cara a cualquiera que se le arrodille , pero un freno autoritario llega y a cada verano le llega su invierno, su sol se enfría completamente y acaba con su juego, porque sus manos han sido cortadas y su boca no tiene poder alguno sobre el frío.
El tipo se ha convertido en un juguete y ahora es controlado por dos manos que lo usan a su antojo, que lo visten y desvisten, que lo ponen un juicio y lo juzgan culpable por tan atroces actos. La sentencia a muerte parece quedarse corta de modo que hay una sentencia mucho peor para este ser inhumano: El amor.
Sufre y cae, busca y no encuentra, lucha y pierde, porque de eso se trata la vida, este animal ya no juega con nadie pues su juguete ahora es dueño de su vida, la vida se termina y con ella su sentencia, pues el amor es una cadena perpetua con sentencias constantes a muerte y en donde el final feliz solo parece ser un espejismo.
La historia de este hombre termina donde empieza la de otro, un criminal de su misma estirpe ha conseguido embaucar al frío y su juez olvida la sentencia, otro hombre ya tiene a su dueña y el sabe que no va a terminar de otro modo que con su dueña envuelta en sufrimiento.
Sin embargo, su sentencia se ha cumplido y ahora la vida lo deja ser libre. Pero ahora el hombre no quiere ser libre, quiere cumplir su sentencia, el hombre quiere vivir el amor toda la vida y no quiere dejar a su juez sola nunca jamás.
La vida se vuelve un círculo vicioso y el criminal liberado ahora quiere volver a la cárcel del amor, quiere cumplir con su cadena perpetua, quiere morir por su dueña, quiere sentir el amor.
No sé como terminó la historia de este hombre, ni me interesa saberlo, y le pido al universo, a Dios, a Buda y al karma, que por favor jamás me sentencien al amor.
Por: Diego Bernal (Berny)