En pocas palabras se define una huella que el tiempo ha marcado, y el amor que alguna vez hubo se ha reemplazado por indiferencia, pero todavía peor, palabras que se han convertido en vacíos que seguramente el alma ya no soporte.
En ciertas ocasiones un adiós es la mejor manera de cerrar un capítulo, de terminar una historia, en un comienzo parecía no tener un final, pero la página del final llega y la tinta se termina, el escritor cierra el libro, hace una venia y se despide.
Entonces es hora de salir por la puerta, fumarse un cigarrillo, tomar un par de copas, abrir los ojos y decidir dejar el pasado atrás, por díficil que parezca.
El sufrimiento también ya ha pasado y entonces la monotonía se vuelve parte de la vida, pero es hora de escribir una contraportada y de ponerle final a esta historia de amor que ha marcado tu caminar, quizá sea bueno estar juntos en un futuro pero el presente ya se ha desgastado y con el también tus ganas de luchar por ella.
Un bonito recuerdo que seguramente quedara marcado, y que será siempre preferible antes de dejar un amargo sabor al mismo cuento contado una, otra, otra y otra vez.Las cosas tienen un tiempo, y un lugar, y tienen un comienzo, y tienen un final, el final al que tanto tememos pero que de uno u otro modo va a llegar.
Nada es para siempre, ni siquiera el tal Dios, no sé si ese sujeto sea capaz de vernos y reírse, ó solo sea un espejismo creado por el sistema para mantenernos quietos, ó si sea solo el objeto de odio de unos chicos escépticos y rebeldes, pero sea lo que sea, este tipo tampoco es eterno y de uno u otro modo tuvo su principio y también tendrá su final.
—¿El amor es eterno?, —Cállate imbécil, nada en esta vida lo es.
Entonces el escritor se fuma un último cigarrillo, corre a comprar un nuevo lápiz, saca sus hojas y empieza a escribir una nueva historia.
Por: Diego Bernal (Berny).
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